I. La afinación

 La batería... ¿Instrumento de afinación no determinada/altura indefinida?


Normalmente, se conoce a la batería (y muchos otros instrumentos de percusión también) como un instrumento de altura indefinida o afinación no determinada… pero, ¿Qué quiere decir esto?

Para comenzar, de ninguna manera esto significa que no trabajemos con alturas o que no afinemos nuestro instrumento: esto refiere a que no tenemos control sobre la altura de los elementos que componen nuestro instrumento… para decirlo mejor: solo podemos tenerla a priori, de antemano, pero no in situ, en el aquí y ahora mientras ejecutamos.

Buscamos dentro de cierto rango de alturas, comúnmente decimos que las afinaciones sobre las que trabajamos son bajas, medias o altas, pero no solemos afinar en una nota determinada (como siempre, hay excepciones).

Trabajamos fundamentalmente sobre sobre las texturas, sobre el timbre del instrumento, es decir, sobre las cualidades sonoras de los elementos que nos interesan golpear: el bombo, el tambor, la bordona o los platillos son claros ejemplos de ello. Buscamos el sonido, no la nota (buscamos que acá suene el tambor, que allá suene el bombo, no buscamos generar que acá suene un Do, o allá suene un La, ¿se entiende?). De aquí la riqueza que el instrumento encuentra en la repetición, en el sostenimiento de una misma situación sonora.

Se desprende, y cae de maduro, que tanto hablemos de “colores” … aunque no los llamemos por rojos, azules, blancos o negros. Los nuestros son algo distintos: solemos nombrarlos por brillosos, secos, opacos, ásperos, estridentes, entre otros.

En otras palabras, eso que llamamos “colores”, nuevamente hacen referencia a cualidades: todos ellos son calificativos.

 

En otro sentido, atendiendo a la duración, y en la mayor parte de las situaciones, nuestro oído no puede captar la nota del sonido que generamos debido a que éstas permanecen poco tiempo sostenidas en el tiempo (exceptuando los platillos que podemos dejarlos sonar más tiempo). Los casos más comunes son el bombo y el tambor.

Entendamos que los elementos que golpeamos, suenan en simultáneo; y, simultáneamente, suenan con otros instrumentos. En este pequeño “caos”, claramente es casi imposible detectar las notas que genera la batería. En algunos casos donde hay una gran riqueza armónica, quizás podamos sacar la nota de un redoblante, de algún tom o de algún platillo, aunque es bastante difícil: de forma aislada, probablemente se escuche con claridad.

Sumado a esto, “las notas que generamos”, muchas veces pueden captarse como “imprecisas” respecto de las notas que genera otro instrumento como puede ser una guitarra. Los parches, generan gran cantidad de contenido inarmónico también (múltiplos no enteros de la nota fundamental) debido a que su afinación es bastante más imprecisa también y se corre con mucha facilidad… de aquí que el hecho de “afinar la batería”, en muchos casos sea discutible.

Probablemente los toms son los que nos permitan acercarnos más a esa sensación de altura (en casi todas las situaciones, es importante que haya coherencia sonora entre los mismos de acuerdo a su diámetro). En cuanto a su afinación, una relación alejada entre ellos, nos darán una sensación poco agradable y nos daremos cuenta de que algo “está desafinado” o desajustado en nuestro set.

Respecto de los platillos, son el ejemplo más obvio: no podemos cambiar su afinación de forma controlada. Aunque sí su sonido va a cambiar considerablemente dependiendo de los palillos que utilicemos para ejecutarlos (¡esto sí cambia su afinación!): el peso y el material de los palos, van a influir en el “pitch” del plato. Hay otras situaciones en que la afinación de un platillo puede variar, aunque son menos ordinarias: por ejemplo, el uso de imanes especiales que ejercen presión sobre la superficie del metal y hace variar su sonido notablemente.




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