II-A. LAS FIGURAS.

         II-A. Las figuras

 

Las figuras, determinan la duración de los sonidos. Veamos un poco más acerca de su simbología:


       La redonda no tiene plica, sólo cabeza. La negra y la blanca tienen cabeza y plica. Corchea, semicorchea, fusa y semifusa tienen cabeza, plica y corchete (la cantidad de corchetes de cada una de ellas, las diferencia como tales).


               Si la plica se escribe hacia arriba, debe colocarse a la derecha de la cabeza; si se escribe hacia abajo, a la izquierda.

En este punto, es necesario señalar algunas cuestiones: tal y como se presentan las cosas, nuestro sistema no puede dar cuenta de todas las necesidades que exige el instrumento. Vuelvo a destacar la importancia de la lectura de la posición de las figuras… ¡y no tanto de su duración! ¿Qué quiero expresar con esto? Muy probablemente un bombo o un tambor generen un sonido similar cada vez que se los golpea, por ejemplo, en el centro del parche: no podemos, a priori, controlar su duración, cuánto va a durar ese sonido en el tiempo, sino que va a durar, casi siempre, más o menos lo mismo. Con lo cual, parte de las figuras que leemos como percusionistas, son un pequeño engaño. Definitivamente muchos de los sonidos que producimos no responden a la duración especificada en el pentagrama, a las figuras en cuestión.

Destaco una vez más, entonces, la importancia de leer la posición de la figura o su silencio (¡sobre todo entender el valor de los silencios!). Esto nos ayudará a ir asimilando los lugares donde atacamos el instrumento. Es decir, la lectura de las figuras se orienta a determinar e incorporar donde el sonido se inicia, y no sobre su duración en tanto sonido, puesto que no podemos controlar su finalización (siempre hay excepciones, por ejemplo, con los platillos en determinadas circunstancias).


Cada figura, también vale por su silencio. De este modo, escribimos su equivalente:


    Respecto de lo que conocemos como agrupación, entendemos que las redondas, las blancas y las negras no se agrupan, es decir, podemos tener más de una figura de éstas que, al escribirlas, las vemos de forma aislada.

               A partir de la corchea (primera figura con corchete), podemos agruparlas, justamente, a través del corchete. Está unión de las figuras, las vemos representadas por lo que conocemos como “barra” (no confundir con las barras del compás, como puede serlo la barra de repetición, etc.).

               Al respecto, se puede agrupar de distintas formas y los criterios varían según la situación y el compás especificado.

                Pongo un ejemplo a modo ilustrativo:




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