VI. LA DINÁMICA.
VI. La dinámica
Cuando hablamos de dinámicas en la música, nos
referimos a la amplitud que manejamos durante una obra: no es correcto hablar
de “volumen” (aunque a veces se cae en la tentación), dado que este término no
alcanza para definir el concepto en cuestión… más bien relegamos esta palabra
para medir espacios.
La dinámica hace referencia a cierta graduación, a
ciertos niveles en nuestra ejecución. ¿Qué quiere decir esto? Que la música,
justamente, es dinámica… no es siempre igual, hay matices, hay diferencias… hay
cosas que las tocamos “más bajo”, otras “más fuerte”.
Hacemos referencia a esos momentos en que decimos
“acá más suave”, “acá hay que explotar”, “en el primer verso subimos un poco”,
“acá más fuerte”, etc.: la dinámica tiene que ver con la intensidad en la
ejecución y los matices que podemos lograr con el instrumento según la
estructura de la obra lo requiera.
Si bien, en la actualidad y en la batería, no es
tan común encontrar anotaciones de dinámicas en las partituras, de todos modos,
se usan: mayormente las vemos escritas en italiano. Piano, mezzo piano, pianissimo, forte, mezzo forte, fortísimo… y la
lista continúa.
Algunos ejemplos:
Por supuesto, hay más matices.
Por otra parte, también encontramos formas para
interpretar el paso, por ejemplo, de una dinámica suave a otra fuerte, de forma
gradual.
Así encontramos los conocidos diminuendo (gradualmente más suave) y crescendo (gradualmente más fuerte).
Dentro de estas dinámicas con marcas graduales, también podemos
encontrar la referencia al inicio y al final del símbolo en cuestión.
Por ejemplo, en un crescendo
podemos tener la marcación de ir de piano a forte, pero también podemos ir de
mezzo piano y a mezzo forte, de pianissimo a fortissimo, y muchas más opciones.
Aquí lo importante es la relación gradual, jusamente: ir de menor a mayor en el
caso del crescendo, o de mayor a menor en el caso del diminuendo (forte a
pianissimo, mezzo forte a piano, piano a pianissimo, etc).
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